La vida religiosa está enfrentada a una profunda crisis que no es coyuntural sino estructural; su modelo actual se ha quedado obsoleto y resulta inviable.
Rembrandt alcanza una expresión artística del movimiento vital hasta entonces desconocida: una expresión que no puede traducirse en un método o un estilo sino que depende por entero de su genio.
Habiendo tenido vidas, en cierto modo, paralelas: de temprana vocación artística, nacidos ambos en unas familias que les reservaban otros destinos, huidos ambos, a Leiden y Ámsterdam uno, a Róterdam y París otro, lugares de libertad y desenfreno, ambos con carreras de éxito no exentas de sombras