Será la única visita que preste a la Unión Soviética, y durará apenas dos semanas, sin embargo, será ahí donde sentirá, como en ningún otro momento de su vida, la fuerza de la corriente de su época.
La Tierra es mucho más que tierra: es rocas, vapores, polvo de estrellas. Y lejos de ser un planeta quieto y tranquilo, se despereza, se mueve por el universo a más de cien mil kilómetros por hora, se rompe y se vuelve a armar.
“Esta novela podría servir para un teleteatro, lo reconozco, pero no sin trabajo cuidé de no caer en lo cursi como un peligro inmanente, lo que creo haber logrado.