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Confucio (551-479 aC), nombre que proviene de la transcripción fonética de K'ong Fou-Tseu («Maestro Kong») vivió en una época en que China, dividida en Estados feudales, atravesaba una época política y socialmente turbulenta. Confucio, miembro de la pequeña nobleza tradicional del Estado de Lu, pensó en conseguir para su país estabilidad y orden; una idea parecida –el establecimiento de un «Estado ideal»– a la de Platón, unos años más tarde en Grecia. Y lo mismo que el «filósofo-rey» de Platón (427-347 aC), el gobernante ideal era para Confucio el hombre que lograba ser virtuoso a través de la cultura y del conocimiento: el «hombre superior», el «hombre principal», o «el Caballero». En sus viajes por todo el país, persiguiendo su ideal, Confucio arrastró tras de sí a unos 3000 discípulos fieles, que se encargaron luego de redactar sus diálogos con el Maestro en las llamadas Analectas, base del pensamiento que se llamó «confucianismo», que, junto con el budismo y el taoísmo, constituyeron la escuela de pensamiento principal en China, y lo sigue siendo todavía hoy para China, Japón y Corea.