Juan Felipe Herrera (llevado 27 de diciembre, 1948 Fowler, California) es poeta, ejecutante, escritor, dibujante, profesor, y activista. Herrera ha sido el poeta laureado de los Estados Unidos desde 2015.
(México, 1970) es escritor y editor. Dirigió el Centro Cultural El Octavo Día, que cerró después de recurrentes crisis que lo volvieron calvo. Participó en la fundación de Democracia Social, partido político que perdió su registro en el 2000. En Barcelona, trabajó para una ex actriz porno organizando un foro feminista y un concierto de los Tigres del Norte, que por supuesto lo llevaron a la quiebra. Cuando los días son buenos, reconoce que ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores y del FONCA, y que junto a Guadalupe Nettel, es editor de Número 0, revista de literatura periférica. Recientemente fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo con su libro La fábrica del lenguaje, S.A.
Ros, mejor conocido como Ros, es cartonista. Entre sus distracciones se cuentan el diseño de revistas y la edición, pero tiende a abandonarlas porque le roban tiempo para lo verdaderamente importante: el humor. En España diseñó revistas emblemáticas como El paseante y El europeo y, en México, fue socio fundador de Ediciones del Equilibrista. Todo lo dejó para dedicarse al arte lacónico y desopilante de los cartones (que algunos llaman, no sin pedantería, “viñetas”), arte que él entiende en clave minimalista y con el que salpica elegantemente distintos periódicos y portales de internet. En 2009 y 2010 fue seleccionado por el World Press Cartoon. Es autor del libro Y tú, ¿qué prefieres? (2010).
Filósofo de formación, amante de las formas breves y el whiskey, bibliófilo que prefería la vida a los libros, poeta, crítico musical y palindromista, LUIS IGNACIO HELGUERA (México D.F., 1962-2003) fue un escritor en el que convivieron el exceso y la contención, la pasión desbordada y la inteligencia. Sus prosas anfibias, difíciles de encasillar en un solo género, van del ensayo personal a la crónica, del cuento rápido a la broma aforística, en una incesante carrera contra la pesadez y la tontería. Cultivador de rarezas, raro él mismo como los escritores y ajedrecistas que admiraba, Helguera veía las cosas desde la distancia afectuo- sa del humor, un humor corrosivo, a veces tétrico, fiel al carácter tragicómico de la existencia.