La obra de Ed Hopfner se caracteriza por ser disruptiva: constantemente juega con las formas literarias, la puntuación y la ortografía para dar un toque ya característico de su pluma.
Enrique González apuesta por una nueva forma de comprender el Evangelio partiendo de él y no de una tradición filosófica anterior que perturbe y dificulte su mensaje.
Mary –¿realmente se llama Mary?– despierta amnésica en una habitación desconocida. Sale a la calle y empieza a vagar por un Londres fantasmagórico, en las que se topará con vagabundos, delincuentes, familias disfuncionales, squatters, policías, empleados de un café...