Este libro trata de un edificio donde cada departamento es un cuento que se entrevera un poco con el de al lado, como ocurre a menudo entre vecinos.
Este libro surge de la convicción, seguramente polémica, de que el psicoanálisis hegemónico, tal como se lo practica, se lleva mal con las sexualidades que no responden a la normatividad heterosexual.
El Edipo no es una novela. No es la historia de un niño enamorado de su madre y penosamente parricida. Es la tragedia del deseo para el ser hablante, la experiencia de una pérdida, a partir de la cual cada quien se constituye como sujeto.