Antígona, frente a Creonte, tiene los movimientos de un autómata, es un reloj al que se le ha dado cuerda. Esta muchacha, cantidad desdeñable y temida, lo espera a la vuelta de la esquina, y se abalanza para ejecutar lo que sabemos que hará.
Iván Ilich es un funcionario de la administración zarista cuya principal aspiración, como la de sus colegas, es escalar peldaños en su carrera para mantener su bienestar y así seguir formando parte del mundo burgués en el que ha vivido siempre.