Continuación natural de «Apegos feroces», «La mujer singular y la ciudad» es un mapa fascinante y emotivo de los ritmos, los encuentros fortuitos y las amistades siempre cambiantes que conforman la vida en la ciudad, en este caso Nueva York.
Pensar la femineidad bajo los auspicios del sacrificio, es también pensar la relación de la mujer al trauma singular o colectivo, que, por este evento, ella revela. En este sentido, el sacrificio es un acto de desobediencia, siempre.
El autor indaga esa historia no oficial de las mujeres, para narrar lo no dicho ni pensado por la cultura occidental. Hay dos maneras de no decir ni pensar la verdad. Una opera por ocultamiento; la otra, por sobre-entendimiento. De ambos modos se ha silenciado a las mujeres.