Hacia el final del cuarto acápite de La verdad sublime puede leerse: "lo sublime no se refiere a la presentación del hecho que hay lo impresentable, no postula ninguna presentación negativa, sino simplemente la presentación del hecho que hay presentación".
El velo desplegado ante los ojos del espectador, en el que se vislumbra el rostro de Cristo, resplandece como un hallazgo personal de Zurbarán. Con sus varios cuadros de la Verónica, Zurbarán va cruzando el umbral que separa "la era de la imagen" de "la era del Arte".
Barney Panofsky es un hombre aparentemente corriente que tiene una vida extraordinaria: fuma demasiados puros, bebe mucho whisky, y está obsesionado con el hockey y con una de sus ex esposas.