La celebración del Centenario de la Independencia fue considerada de importancia nacional por el régimen del presidente Díaz. La conmemoración debía realizarse "con la solemnidad y el esplendor que a hecho tan elevado y de tanta trascendencia corresponde".
En las épocas de Terror, dice Paulhan en Las flores de Tarbes o El Terror en las Letras (1941), a los hombres se les exige la pureza, y se toman más en consideración las obras que las personas.
Los versos únicos de Las flores del mal, irrepetibles en su particular revelación de la imperfecta, a veces aberrante naturaleza de los hombres, suponen la culminación de siglo y medio de romanticismo.