Se puede pintar con lo que se quiera, con pipas, con sellos de correos, con postales, con naipes, con candelabros, con trozos de hule, con cuellos postizos, con papel pintado, con periódicos.
«Solo escribiendo puedo pensar las cosas hasta el final. / Las ideas van cobrando claridad a medida que veo las palabras escritas delante mío./ Si puedo ver lo que hace un instante no era más que pensamiento,/ la idea queda liberada,/ y puede continuar pensándose hacia adelante.»
Al lado del mundo de la Belle Époque, ese fin del siglo XIX produjo una literatura que tenía en la belleza de la palabra y en un mundo de vaguedades y personajes etéreos sus mejores logros.