No hay manera de escapar puede leerse al menos de dos maneras: como una novela policial con todos los ingredientes del género o como un particular trabajo colaborativo entre Boris Vian y Oulipo, el grupo de literatura potencial francés nacido en 1960, un año después de la muerte del autor.
El miedo, al ser la más primitiva de entre nuestras emociones, cuando alcanza sus extremos, es la más concreta y real de nuestras sensaciones e implica mente y cuerpo en una secuencia reactiva tan rápida que se anticipa a cualquier pensamiento.
A finales del siglo pasado, tras dos décadas de globalización neoliberal, criminólogos, sociólogos y penalistas comenzaron a darse cuenta de un fenómeno extraño: los delitos disminuían y, sin embargo, la población reclusa aumentaba. ¿Por qué?