Cada poema, exigía Adam Zagajewski, debe contener el mundo entero. La vastedad o profundidad de sus misterios, el carácter universal de sus revelaciones, deberían hacerlo parecer, de golpe, una historia entera de lo humano. Los poemas de Todas las Ballenas cumplen con esta alta demanda.
En la primavera de 1650, Monsieur de Sainte Colombe pierde a su mujer y queda al cuidado de sus dos hijas pequeñas. Para aumentar sus ingresos, decide dar lecciones de viola de gamba.