Para el creyente cristiano se ha impuesto hasta ahora sin discusión la prohibición de quitarse la vida.
Tokio, marzo de 1945. Enjambres furiosos de bombarderos vacían sus vientres plateados reduciendo la ciudad a un páramo de cenizas, mientras las vidas de sus habitantes prosiguen, contumaces y desgarradas, en su caótico devenir.