Pinta El Greco como lo que es: el forastero al cubo, el exiliado entre los exiliados, el vagabundo apátrida que ha vadeado el mundanal ruido en la barca de la ambigüedad.
El cuerpo de Job —y su alma— está atravesado por el mal. Desnudo, recubierto de llagas, cae en la ceniza y conoce en primera persona la injusticia del sufrimiento. Su plegaria solo puede adoptar la forma extrema del grito, dirigido a Dios: «¿Por qué a mí?».
“Nacimos en una guerra y moriremos en otra”, dice serenamente uno de los personajes de estos cuentos. De Stalin a Putin, la vida transcurrió, preciosa a escala individual, terrible a escala colectiva.
El grito manso contiene una de las últimas intervenciones públicas de Paulo Freire y es, a un tiempo, expresión de su pensamiento maduro y encuentro comprometido con quienes trabajan día a día con sus ideas.