La Biblia es un libro vivo, polifónico, sincrónico, maravilloso y a la par terrible. Sin él no se entiende nada de la civilización judeocristiana. Por ello, no puede ni debe leerse a la ligera.
Cuando en 1641 ven la luz las Meditaciones metafísicas, Descartes ya era un científico con obras reconocidas (Tratado del mundo, Dióptrica, Meteoros y Geometría).
En estos seminarios sobre los ejercicios de san Ignacio, Karl Rahner consiguió acercar a nuestro tiempo la gran riqueza e intensidad de la meditación ignaciana:
En esta obra, Vicente Merlo analiza aspectos esenciales del budismo y el hinduismo, tomando como hilo conductor la práctica de la meditación. Por ello, cada capítulo termina con una meditación y el libro ofrece un acceso directo de audio a diez meditaciones guiadas por el autor.