Sobre la vejez
En este delicioso y muy afinado tratado diserta Cicerón, con su siempre estilosa prosa, sobre la mejor forma de vivir la vejez y ahuyentar de su día a día el pesar y la melancolía, sustituidos en quienes siguen sus dictados por el regocijo de sí y la vida activa.
Nos persuade Cicerón, además, de que las loas a la juventud son muchas veces engañosas, cuando no terriblemente peligrosas si es que van más allá de la mera zalamería y ponen la res publica en manos poco avezadas.
Aunque Cicerón suele asentar sus escritos en el puerto seguro de los diálogos de Platón, en esto de la polis Aristóteles dejó dichas cosas muy ciertas sobre las vicios de la juventud y las virtudes de la vejez, retomadas en este escrito con afilada claridad.
Un certero manual para aprender a vivir la vejez con alegría y entusiasmo, sin desperdiciar un solo día en quejas o lamentos.
Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero1 (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.2 3
Reconocido universalmente como uno de los más importantes autores de la historia romana, es responsable de la introducción de las más célebres escuelas filosóficas helenas en la intelectualidad republicana, así como de la creación de un vocabulario filosófico en latín. Gran orador y reputado abogado, Cicerón centró- mayormente- su atención en su carrera política. Hoy en día es recordado por sus escritos de carácter humanista,4 filosófico y político. Sus cartas, la mayoría enviadas a Ático, alcanzaron un enorme reconocimiento en la literatura europea por la introducción de un depurado estilo epistolar. Cornelio Nepote destacó la riqueza ornamental de estas cartas, escritas «acerca de las inclinaciones de los líderes, los vicios de los comandantes y las revoluciones estatales», que transportaban al lector a esa época.5
Constituido en uno de los máximos defensores del sistema republicano tradicional combatió, usando cualquier recurso, la dictadura de César. No obstante, durante su propia carrera no dudó en cambiar de postura dependiendo del clima político. Esta indecisión es fruto de su carácter sensible e impresionable. Intemperante, era propenso a reaccionar de manera excesiva ante los cambios.
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