Este pequeño Tratado de Murena, incomprensiblemente olvidado, incluso en Italia, es, puede decirse, una obra única en su género. En efecto, pues articula, de una manera coherente, las propuestas en materia de modelo de juez y de jurisdicción propias de un lúcido jurista ilustrado.
Prisciliano de Ávila vivió en la segunda mitad del siglo IV. De familia noble hispanorromana, erudito notable, convertido al cristianismo y ordenado obispo, fue considerado disidente y hereje y ajusticiado por el poder secular.