
El populismo no es lo contario de la democracia moderna, sino uno de sus productos más característicos; algo que nació con ella, que comienza a decaer al mismo tiempo que ella y que morirá, también, a su lado. Así lo sostiene Gibrán Ramírez Reyes en el libro que el lector tiene en sus manos. Los sistemas de representación popular no pueden respresentar la voluntad popular, por más que lo quieran, pero no pueden tampoco dejar de prometerlo, de imaginar que lo hacen, de basar toda su legitimidad en su capacidad de hacerlo. El populismo sería, así, el principio democrático rebelándose en contra de sus mecanismos institucionales; la voluntad de soberanía popular rebelándose en contra de un sistema diseñado para satisfacerla. El inevitable reclamo de una promesa que la democracia moderna no puede dejar de hacer pero que no puede tampoco cumplir. Vida y muerte del populismo narra la histori...leer más






